sábado, 27 de diciembre de 2008

Inversiones forzadas

Supongamos el caso de que me sucediesen estas cosas en los próximos meses:
-Me despidan de mi trabajo
-Mi novia me deje
-Pierda mi casa por morosidad en el pago.

Muy bien. Consideraría todos estos sucesos como adversidades necesarias. Ni siquiera las llamaría adversidades. Las llamaría inversiones. Solo que no serían inversiones voluntarias, sino inversiones involuntarias.

Inversión se define como el acto voluntario de colocar un dinero, capital o tiempo en un negocio con el propósito de que en un tiempo futuro se recupere y se obtenga una ganancia o beneficio.

Las inversiones forzosas a las que me refiero en este artículo tratan a las que escapan a nuestra voluntad. Son hechos aparentemente negativos que nos suceden, que calificamos como “fracasos” “derrotas” “pérdidas”, “frustración”. Cuando suceden sentimos que perdemos tiempo, dinero, moral, etc. Sin embargo, todos estos sucesos pueden transformarse en inversiones muy sabias, si ampliamos nuestra visión.

Si tenemos un trabajo que nos gusta y que nos da un buen dinero, y recibimos la noticia de que estamos despedidos, eso nos va a doler. Lo que no sabemos es que puede haber un mejor trabajo esperándonos y es este momento el ideal para conseguirlo. Ha sido una inversión forzada. Perderemos tiempo e incluso dinero buscando otro trabajo, o abriendo nuestra propia empresa. No obstante, todo lo invertido lo podremos recuperar con creces.

Nuestros fracasos son inversiones que hacemos. Nos cuestan tiempo y muchas veces dinero. Pero son absolutamente necesarios para poder triunfar. Si realmente los tomamos como lecciones o como indicadores de un cambio, realmente será algo que le sacaremos alguna ganancia.

Julio Iglesias era un portero en un desconocido equipo de fútbol en España cuando sufrió un accidente que le lesionó la columna vertebral. Mientras se recuperaba en el hospital, se le obsequió una guitarra, la cual empezó a tocar y se encontró componiendo música. Había descubierto su nueva pasión. Años después participó en un concurso de canto y después se convirtió en cantante profesional. Hasta la fecha, ha vendido más de 300 millones de albums. Seguramente ese accidente fue una inversión, una dolorosa inversión, pero una muy redituable.

Lee Iacocca es otro ejemplo. Siendo el director de la corporación Ford, fue despedido injustificadamente. Se le ofreció el puesto de director general en Chrysler, una compañía al borde de la bancarrota en los años 80. En este puesto, sin embargo, tenía mucha más libertad y poder para hacer lo que el considerase prudente para salvar a esta compañía. No solamente logró salvarla con sus efectivas estrategias, sino que la convirtió en una prospera compañía. Si el no hubiese sido despedido de Ford, no hubiera podido lograr esa legendaria victoria. Su despido fue un momento triste y decepcionante, pero al final se convirtió en una buena inversión.

Incluso a nivel de naciones se puede apreciar esto. Antes de la segunda guerra mundial, Estados Unidos y la Unión Soviética eran dos inmensos países con un inmenso potencial, pero aletargados, deprimidos económicamente. Hasta que fueron forzados a entrar en una guerra que habían hecho todo lo posible por evitar. Estados Unidos fue atacado por Japón, sufriendo costosísimas derrotas militares. La Unión Soviética fue atacada por la Alemania nazi, sufriendo su ejército espectaculares derrotas militares y muriendo millones de sus ciudadanos. Ambos países a pesar de todo se sobrepusieron a estas perdidas y al ser derrotados Alemania y Japón, se convirtieron en las dos grandes superpotencias mundiales del siglo XX. Tuvieron que pagar un alto precio, pero al final obtuvieron grandes privilegios.

A muchas personas, cuando les sucede algo malo, optan por darse por vencidos, abandonar sus ambiciones y maldecir su suerte. Lo más probable es que estén dejándose llevar por las apariencias. Un inversionista inteligente no abandona su proyecto cuando este sufre algún percance en el camino. Al contrario, busca solucionarlo o espera a que surja un mejor momento económico. Así deberíamos pensar cuando nos vemos en medio de una “inversión forzosa”.

La mayoría de las veces, cuando las personas se resisten a los cambios necesarios, algo sucede para que modifiquen su forma de pensar. Eso que sucede puede ser una inversión forzosa. Por ejemplo, algún fumador empedernido sufre una enfermedad dolorosa y peligrosa, que lo hace decidir que debe dejar el cigarrillo.

¿Me dejo mi novia? Encontraré una que me hará mas feliz. ¿Me despidieron del trabajo? Excelente oportunidad para experimentar en otra empresa o campo. ¿No pude terminar de pagar mi casa y la perdí?. Me sentiré más motivado a buscar la forma de ganar más dinero para comprarme otra. ¿Tengo una enfermedad grave y solo me quedan 2 meses de vida?. Puedo probar a los doctores que están equivocados, porque puedo vivir más tiempo. O si no, quizás estando muerto en este mundo encontraré un mundo mucho más feliz en el que viene.Sería interesante darnos cuenta si hay alguna “inversión forzada” existente en nuestras vidas. Si la hay, imaginémonos como podemos convertirla en una ganancia. Es lo mejor que podemos hacer.
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