sábado, 27 de diciembre de 2008

Aprendiendo un idioma

Esta es la típica escena de alguien que llega a la recepción de una academia de idiomas. Alguien pregunta por el precio de digamos, un curso de alemán. Les dan información de los horarios, del costo, etc. La última pregunta que la academia quiere responder, es la siguiente: ¿cuanto tiempo tardaré en aprender la lengua,?. Creo que es la pregunta más común.

Lo más importante a la hora de aprender una lengua no es el tiempo en cuestión. Si el alemán, español, inglés o cualquier otro idioma se pudiese aprender en un tiempo determinado de, supongamos, de tres años, no habría problema alguno. Casi todo el mundo hablaría dos o más idiomas.

Si alguien desease aprender español, ¿estaría esta persona dispuesta a hacer el esfuerzo de memorizar 2000 palabras?.¿A aprender centenares de frases básicas, muchas de las cuales pueden desafiar la lógica gramatical? ¿A dedicar al menos trescientos horas al año a estudiarlo? No solamente eso. Se necesita estar en constante contacto con la lengua. Con esto me refiero a ver películas, leer artículos en la internet de lo que sea. Estar dispuesto a usar una y otra vez el diccionario, haciendo que se oscurezcan los bordes de las páginas. Hablar con nativos de la lengua y estar dispuestos a cometer errores.

Sin embargo, muchos, ya cuando están en los primeros meses, comienzan a impacientarse porque el progreso es lento. Porque cuando se sientan a ver una película del idioma y entienden poco o nada. Porque les da fastidio leer un artículo o un libro sin tener que estar utilizando a menudo el diccionario. Les molesta que en clase se les haga más fácil el idioma a unos. Al final, culpan a la academia o afirman que el español si no se vive en el país, es imposible aprenderlo.

Para aprender un idioma, no es necesario vivir en un país donde sea la lengua oficial o común. Es necesario tener una fuerte motivación y hacer algo al respecto. Cada vez que vayamos a iniciar la empresa de aprender un idioma, preguntémonos si estaremos dispuestos a realizar el trabajo de estudiarlo y practicarlo, ya sea forma pasiva o activa. Pasivamente: escuchando medios audiovisuales y leyendo. Activamente: estudiando, hablando con nativos o estudiantes avanzados, preguntando, olvidarnos de la vergüenza y cometer errores.

Una carrera universitaria se tarda de tres a cinco años en ser asimilada por un alumno. Igualmente un idioma puede requerir de tres a cinco años. Sin embargo, muchos no ven a un idioma con la misma seriedad de una carrera universitaria. Piensan: “Peter aprendió a hablar el español a los seis meses de estar en España, no lo hablaba antes, ahora lo habla ya sin acento”. Sin embargo, solo ven el aspecto conversacional. Puede hablar con un acento bastante aceptable y con modismos, pero posiblemente si se le empieza a hablar de religión o de política, se va a notar que Peter carece de suficiente vocabulario. También sucede que no se vea que el evita hablar en ciertos tiempos gramaticales, porque no los domina. Tampoco se sabe si Peter escribe bien el español.

Pasa muy a menudo que estas personas que van a estudiar a España o algún país de sudamérica, vinieron ya con dos o tres años de español en la secundaria. Pudieron haber estado después años sin tocar el idioma, pero tal preparación les hizo las cosas mucho más fáciles para realizar la inmersión total. No desaprovecharon un trabajo previo que les hizo evitar gastar tiempo y energía extra.

Como dije anteriormente, no es necesario vivir en un país para aprender un idioma. Estudié por dos años el inglés en Venezuela y me sentí satisfecho con lo que me enseñaron. Cuando me mude a los Estados Unidos, si bien mi capacidad auditiva le faltaba práctica, no creo que aprendí muchas palabras o expresiones estando ahí. Ya sabía casi todo lo que necesitaba. Que conste que yo siempre estuve rodeado del idioma, viviendo en la misma casa con norteamericanos y estudiando en una universidad.

Lo que pasa con los idiomas pasa igualmente con muchos otros aspectos de nuestras vidas. No tenemos la paciencia de ir por muchos meses a un gimnasio para desarrollar nuestro cuerpo, no tenemos la disciplina suficiente para ahorrar para adquirir eso que anhelamos, etc. Es cuestión de olvidarnos de que no somos buenos para los idiomas, de que vivimos en el país equivocado para aprenderlo, de que nuestra escuela tiene un pésimo profesor. Deberíamos dedicarle tiempo a lo que nos interesa. Aun no ha llegado la tecnología que vimos en la película Matrix, donde el protagonista mediante una máquina que se inserta en su mente, es capaz de aprender el arte marcial jujitsu en unos minutos. Las cosas aún no son tan fáciles.
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Inversiones forzadas

Supongamos el caso de que me sucediesen estas cosas en los próximos meses:
-Me despidan de mi trabajo
-Mi novia me deje
-Pierda mi casa por morosidad en el pago.

Muy bien. Consideraría todos estos sucesos como adversidades necesarias. Ni siquiera las llamaría adversidades. Las llamaría inversiones. Solo que no serían inversiones voluntarias, sino inversiones involuntarias.

Inversión se define como el acto voluntario de colocar un dinero, capital o tiempo en un negocio con el propósito de que en un tiempo futuro se recupere y se obtenga una ganancia o beneficio.

Las inversiones forzosas a las que me refiero en este artículo tratan a las que escapan a nuestra voluntad. Son hechos aparentemente negativos que nos suceden, que calificamos como “fracasos” “derrotas” “pérdidas”, “frustración”. Cuando suceden sentimos que perdemos tiempo, dinero, moral, etc. Sin embargo, todos estos sucesos pueden transformarse en inversiones muy sabias, si ampliamos nuestra visión.

Si tenemos un trabajo que nos gusta y que nos da un buen dinero, y recibimos la noticia de que estamos despedidos, eso nos va a doler. Lo que no sabemos es que puede haber un mejor trabajo esperándonos y es este momento el ideal para conseguirlo. Ha sido una inversión forzada. Perderemos tiempo e incluso dinero buscando otro trabajo, o abriendo nuestra propia empresa. No obstante, todo lo invertido lo podremos recuperar con creces.

Nuestros fracasos son inversiones que hacemos. Nos cuestan tiempo y muchas veces dinero. Pero son absolutamente necesarios para poder triunfar. Si realmente los tomamos como lecciones o como indicadores de un cambio, realmente será algo que le sacaremos alguna ganancia.

Julio Iglesias era un portero en un desconocido equipo de fútbol en España cuando sufrió un accidente que le lesionó la columna vertebral. Mientras se recuperaba en el hospital, se le obsequió una guitarra, la cual empezó a tocar y se encontró componiendo música. Había descubierto su nueva pasión. Años después participó en un concurso de canto y después se convirtió en cantante profesional. Hasta la fecha, ha vendido más de 300 millones de albums. Seguramente ese accidente fue una inversión, una dolorosa inversión, pero una muy redituable.

Lee Iacocca es otro ejemplo. Siendo el director de la corporación Ford, fue despedido injustificadamente. Se le ofreció el puesto de director general en Chrysler, una compañía al borde de la bancarrota en los años 80. En este puesto, sin embargo, tenía mucha más libertad y poder para hacer lo que el considerase prudente para salvar a esta compañía. No solamente logró salvarla con sus efectivas estrategias, sino que la convirtió en una prospera compañía. Si el no hubiese sido despedido de Ford, no hubiera podido lograr esa legendaria victoria. Su despido fue un momento triste y decepcionante, pero al final se convirtió en una buena inversión.

Incluso a nivel de naciones se puede apreciar esto. Antes de la segunda guerra mundial, Estados Unidos y la Unión Soviética eran dos inmensos países con un inmenso potencial, pero aletargados, deprimidos económicamente. Hasta que fueron forzados a entrar en una guerra que habían hecho todo lo posible por evitar. Estados Unidos fue atacado por Japón, sufriendo costosísimas derrotas militares. La Unión Soviética fue atacada por la Alemania nazi, sufriendo su ejército espectaculares derrotas militares y muriendo millones de sus ciudadanos. Ambos países a pesar de todo se sobrepusieron a estas perdidas y al ser derrotados Alemania y Japón, se convirtieron en las dos grandes superpotencias mundiales del siglo XX. Tuvieron que pagar un alto precio, pero al final obtuvieron grandes privilegios.

A muchas personas, cuando les sucede algo malo, optan por darse por vencidos, abandonar sus ambiciones y maldecir su suerte. Lo más probable es que estén dejándose llevar por las apariencias. Un inversionista inteligente no abandona su proyecto cuando este sufre algún percance en el camino. Al contrario, busca solucionarlo o espera a que surja un mejor momento económico. Así deberíamos pensar cuando nos vemos en medio de una “inversión forzosa”.

La mayoría de las veces, cuando las personas se resisten a los cambios necesarios, algo sucede para que modifiquen su forma de pensar. Eso que sucede puede ser una inversión forzosa. Por ejemplo, algún fumador empedernido sufre una enfermedad dolorosa y peligrosa, que lo hace decidir que debe dejar el cigarrillo.

¿Me dejo mi novia? Encontraré una que me hará mas feliz. ¿Me despidieron del trabajo? Excelente oportunidad para experimentar en otra empresa o campo. ¿No pude terminar de pagar mi casa y la perdí?. Me sentiré más motivado a buscar la forma de ganar más dinero para comprarme otra. ¿Tengo una enfermedad grave y solo me quedan 2 meses de vida?. Puedo probar a los doctores que están equivocados, porque puedo vivir más tiempo. O si no, quizás estando muerto en este mundo encontraré un mundo mucho más feliz en el que viene.Sería interesante darnos cuenta si hay alguna “inversión forzada” existente en nuestras vidas. Si la hay, imaginémonos como podemos convertirla en una ganancia. Es lo mejor que podemos hacer.
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El verdadero obstáculo de un escritor

Creo que no es solamente el verdadero obstáculo para los escritores en general, sino también para todos los artistas en general. Pero enfoquémonos en esta oportunidad el campo de los escritores.

Escucho muchas veces la frase “writer block”, que en español significa “bloqueo del escritor”. Se dice que es el periodo en que el escritor es incapaz de producir nada nuevo a su obra. Se le atribuye a que es un bajón en la creatividad o porque hay un problema en la estructura del escrito que no puede resolver. Dicen que es el peor enemigo del escritor. Yo estoy en desacuerdo.

Creo firmemente que el peor enemigo del escritor no es ese. Lo que ha paralizado a muchos escritores, y ha dejado a muchos en el camino, sin que lleguen a terminar su primer libro ni siquiera continuar con su blog por más de dos meses, es un enemigo del que se ha hablado poco.

No es la falta de ideas el enemigo principal. No es tampoco un problema de trama, de investigación, etc. El verdadero enemigo y obstáculo en el trabajo de un escritor es el miedo a lo que piensen sus lectores de su trabajo. Miedo de que no les guste lo que ha creado. Vergüenza de que sientan burla o lástima de su trabajo. Temor a que sea el mismo objeto de chismes.

Una vez conocí a un chico canadiense que había estudiado filología inglesa, con el objetivo de convertirse en escritor. Al graduarse, no se sintió aun en la capacidad de escribir algo. Decidió entonces viajar bastante alrededor del mundo con el objeto de nutrirse de experiencias para poder en un futuro escribirlas. Vaya que si viajó. En uno de esos viajes lo conocí. Sin embargo, ya pasaba más de los treinta años y ni siquiera había empezado a escribir un cuento. El mismo reconoció el problema: escribir, ya sea ficción o no, hace que la personalidad del escritor salga al desnudo, algo que le incomodaba mucho.

Estoy de acuerdo. Los miedos, prejuicios, experiencias, etc del escritor siempre van a salir a la luz en el texto. No obstante, creo que se puede llegar a superar ese miedo. Creo alguna vez tenido esa preocupación, pero ya a estas alturas esta ampliamente superada. Lo que no estoy de acuerdo con él es que dejemos que nos sintamos incómodos.Los lectores podrán ver la personalidad de él, así como verán la mía en lo que escribamos. Sin embargo, acaso ellos le prestarán tanta atención?. ¿Acaso nos importa la personalidad de los cantantes, actores, pintores? ¿Pensamos las 24 horas del día en ellos?. ¿Dejamos de ver una película de Tom Cruise, por las barbaridades que dice en las entrevistas?

Leí una entrevista que le hicieron a Gabriel García Marquez, cuando ya era el escritor más exitoso de América Latina. Decía que escribir para el se había convertido en un trabajo poco placentero, en una especie de sufrimiento, porque sentía en sus palabras una gran responsabilidad.

Estoy en desacuerdo con ese planteamiento. Los lectores tienen su responsabilidad con sus vidas, ningún autor puede obligarlas a nada. ¿Qué responsabilidad sentía el? ¿Acaso la gente va a necesariamente modificar sus creencias por lo que escriba él? ¿O el mundo va llegar a ser un peor lugar si el escribe una mala novela?.

He tenido muy buenas críticas, de parte de mis amistades, con lo que he escrito, tanto con mis artículos como con mi novela. Aun así, también he recibido críticas no muy alentadoras. Incluso he recibido consejo de un familiar de que me olvide de escribir. Puede que algunos o muchos de los lectores de este artículo piensen lo mismo. Es bueno recibir críticas de ambos puntos de vista. Todo depende como uno las tome. Mientras tanto, seguiré escribiendo lo que me plazca. Lo único que espero no cohibirme en lo que escribo. Los escritores menos cohibidos son los que más han resaltado.

Creo que el escribir no es un concurso de popularidad, donde se espera complacer al mayor número de personas. Por más “malo” que sea lo que se escribe, siempre va a haber algún grupo de personas que les guste.

Pienso que es mucho más importante recibir críticas, así sean negativas, que no recibir ninguna. Aun si son burlas u odio al trabajo de uno, por lo menos se esta generando una reacción.

Mientras tanto seguiré aquí en este website, produciendo material sin esperar ganar ningún premio, sino disfrutando de poder escribir para cualquier cibernauta en el mundo.

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